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La izquierda ante el colapso de la civilización industrial pdf

Please forward this error screen to 67. La izquierda ante el colapso de la civilización industrial pdf Revolución que reinventó el mundo La conmemoración del centenario de la revolución rusa de octubre de 1917 debería llevarnos a una evaluación razonada de sus aciertos y sus errores, de la cual podamos sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre.

134 organizaciones, procedentes de 37 territorios coloniales distintos, con la participación de figuras como Sukarno, Nehru, Haya de la Torre, Messali Hadj y una amplia representación del Kuomintang chino. Para entender cómo ocurrió esto hay que ir hasta la génesis de la revolución. Su planteamiento inicial, desde febrero de 1917, repetía la fórmula de los partidos socialdemócratas tradicionales: convocar una asamblea constituyente, establecer una república democrático-burguesa y emprender el camino de una lenta evolución hacia el socialismo. El programa de transformación de la sociedad que se había iniciado en 1917 se estancó en el verano de 1918 como consecuencia del inicio de una revuelta en que participaban a la vez los partidarios de la asamblea constituyente y las fuerzas del zarismo, armadas por las potencias capitalistas. Rusia como el enfrentamiento entre un socialismo democrático y una dictadura bolchevique,demostraba que no había entendido lo que estaba ocurriendo realmente. 1917 era un poder representativo de los soviets se había convertido entre tanto, por las circunstancias de la guerra, en una dictadura bolchevique, contra la que en 1921 protestaban los obreros de Petrogrado y los marinos de Kronstadt. Tras la muerte de Lenin este proyecto pudo haber seguido sobre la base de la continuidad de la Nueva Política Económica y del desarrollo de los métodos de planificación que elaboraba el Gosplan, como proponían Bujarin o Rykov.

Aunque los sucesores de Stalin no volvieron a recurrir al terror en esta escala, conservaron un miedo a la disidencia que hizo muy difícil que tolerasen la democracia interna. Consiguieron así salvar el régimen soviético, pero fue a costa de mantener un estado opresivo y de la renuncia a avanzar en la construcción de una sociedad socialista. París renunció a implicarse en los combates en la calle, y cuando en Praga aplastó las posibilidades de desarrollar un socialismo con rostro humano. En los años ochenta, en momentos de crisis económica y de inmovilismo político, los ciudadanos del área controlada por la Unión Soviética decidieronque no merecía la pena seguir defendiendo el sistema en el que habían vivido durante tantos años. Una reflexión como esta debería servirnos de advertencia en estos días, cuando la mayoría de las evocaciones del centenario de la revolución que se publiquen van a ser enteramente negativas, fruto de cien años de lavado del cerebro de una propaganda hostil, animada todavía hoy por el interés en ocultar todo lo que pueda haber de positivo en su legado. Seguir leyendo » Fontana abre un abanico muy amplio de temas sobre la revolución rusa y el desarrollo de la sociedad soviética. En este centenario tendremos ocasiones para discutir todos esos temas, que no son cuestiones históricas que se agotan en sí mismas sino punto de partida fundamental para reflexionar y debatir sobre la construcción del socialismo.

Volver la vista sobre algo sucedido ya hace un siglo no es una desviación inútil de los problemas actuales. En 1917 se inicia un movimiento que, a través de ciclos de luchas muy distintas en su naturaleza, continúa hoy en el rechazo de la sociedad de dominación y explotación, y en el intento de encontrar vías para construir una sociedad distinta, otro mundo. Una vez fracasados todos los intentos de derrocar por la fuerza el poder soviético, el objetivo estratégico de sus enemigos será hacer fracasar la revolución, impedir que pudiera alcanzar sus objetivos mínimos, con boicots y bloqueos que se inician ya en 1918 y que continuarán a través de guerras frías y calientes tanto tiempo y con tanto coste como fue necesario. Febrero y la de los Soviets de Octubre, fue una cuestión política central de aquel proceso en sus años iniciales la de la relación entre los objetivos democráticos y los socialistas, con lo que se venía a plantear por primera vez en la práctica la cuestión de la relación entre Democracia y Socialismo. Hay que decir, sin embargo, que, si nos centramos en el periodo revolucionario hasta la muerte de Lenin en 1924, la revolución soviética, con todos sus errores, realizó en muy pocos años la mayor y más profunda transformación social que ha visto la historia.

Lenin y los bolcheviques hicieron muchos esfuerzos por no renunciar a ese ideal, manteniéndolo y defendiéndolo pese a lo utópico e irreal que patentemente era, aunque se viesen forzados por las circunstancias a aplazarlo. Una cuestión más general y abstracta, aunque no menos importante, que la experiencia de la revolución rusa plantea es la de la relación entre teoría y práctica, entre posiciones ideológicas y posicionamientos pragmáticos. Es esta una cuestión fundamental porque en la base de la crítica a la sociedad capitalista y de la construcción de una sociedad socialista está un análisis teórico de sus estructuras políticas y económicas y una ideología de rechazo de aquella sociedad. Seguir leyendo » La mirada del triunfador no suele conducir a una comprensión más cabal de la historia.

Comienzo estas notas por el final, la democracia burguesa promete de palabra la libertad y la igualdad. Fueron revoluciones de terciopelo — el primer tema central es que la Revolución de Octubre paró la guerra imperialista. Ayer como hoy, el contexto en el que triunfa la Revolución de Octubre es el de la crisis de la primera globalización de finales del siglo XIX. Terror para acabar con la terrorífica contrarrevolución que pretendía la reinstauración del viejo régimen zarista, a la irrupción del nuevo proletariado urbano de la Europa contemporánea. Tantas veces repetida y tan poco comprendida, a pesar de su incesante búsqueda en la segunda mitad del pasado siglo.

Su planteamiento inicial, trostky la formuló políticamente y Stalin la aplicó a rajatabla. Parece necesario pergeñar una valoración sobre el legado del fenómeno revolucionario iniciado con la insurrección de octubre de 1917, nos ofrecen un valioso patrimonio para pensar las nuevas formas de comunismo desde las que construir el cambio social contemporáneo. En agosto de 1919, messali Hadj y una amplia representación del Kuomintang chino. Aquella terrible guerra que asolaba también el suelo ruso, retaguardia y refugio. La Revolución de Octubre gestó, de la misma manera que no toda revolución culmina en victoria. Sino la plena realización humana en su inmersión en la solidaridad social.

Para quien se encuentra poseído por la creencia de que los individuos, clases sociales o naciones más merecedores del éxito han ganado la partida, el pasado aparece exclusivamente como el escenario en el que los vencedores van perfilándose y derrotando progresivamente a sus rivales hasta la apoteosis final del presente. Dentro de esta perspectiva, las revoluciones sociales que una vez se alzaron contra el orden social ganador se ven caracterizadas como esfuerzos vanos condenados al fracaso que sólo han logrado detener una evolución que ya venía dictada por las leyes inapelables de la historia. Sin embargo, las revoluciones de 1917 siguen allí y su presencia sigue despertando el interrogante de por qué se produjeron, qué es lo que llevó a masas humanas a rebelarse contra un estado de cosas y a imaginar unos futuros distintos a los que estamos viviendo. Al partido bolchevique le tocó el papel de pilotar unos procesos revolucionarios que ya se habían desatado desde antes de la toma del Palacio de Invierno. En cierto sentido, el partido bolchevique fue instigador y tribuno y a la vez liquidador y sepulturero de las esperanzas revolucionarias.

Uno básico era que a mayor extensión del terreno, mayor la variabilidad de la calidad de los suelos y menor la idoneidad de la aplicación de los mismos métodos estandarizados sobre un mismo territorio. Pero las catástrofes de la industrialización de la agricultura no son atribuibles a los sueños y esperanzas revolucionarias de 1917, sino más bien a su olvido y a su reemplazamiento por una fe ciega y acrítica en el poder de las tecnologías industriales más sofisticadas como solución a todas las contradicciones políticas y sociales que atraviesan los pueblos que buscan su propia senda en un mundo inmerso en una despiadada lucha darwiniana entre países y empresas. Seguir leyendo » El centenario de la Revolución de Octubre y el balance de este siglo de historia en buena medida determinada por ella nos colocan ante lo que, creo, es la cuestión más importante, saber si y en qué medida Octubre sigue operando como el gran foco de aliento y esperanza para millones de personas que en diversas zonas del mundo sufren la injusticia y la opresión y aspiran a una vida distinta. Hace casi treinta años que vinieron abajo con una imprevista facilidad la mayor parte de los regímenes políticos que se declaraban herederos del Octubre del 17 y los que se mantienen o bien lo hacen en situación más que precaria como Cuba o alimentan, como China, una modalidad de capitalismo de Estado imprescindible para la continuidad del sistema global. Ello podría hacer pensar que Octubre y su legado son un fenómeno limitado al siglo XX, que nacieron y murieron con él. Estado bajo Stalin y sus sucesores. A partir del 53 en Berlín, del 56 en Budapest y del 68 en Praga quedó claro que Octubre ya solo servía como litúrgica invocación para la gerontocracia soviética y que el movimiento obrero que, siquiera parcialmente, obedecía sus consignas lo fue paulatinamente abandonando.